Pagué más de 90 euros por una camisa blanca con botones de nácar: la noche que la dejé en remojo con lejía, entendí lo que había hecho de verdad
Una camisa de noventa euros, botones de nácar y un chorro de lejía. Esa noche aprendí que gastar más solo tiene sentido si también aprendemos a cuidar mejor. La historia de cómo confundí lujo con desechable.