Un jersey que sale del armario con manchas verdosas y olor a sótano no está perdido, casi nunca. El moho en la ropa se puede eliminar en la mayoría de los casos si actúas rápido y eliges el método que respeta cada tejido. Lo que no funciona es meterlo en la lavadora y esperar que el detergente haga magia.
El primer paso es sacar la prenda al aire libre.
Cepíllala en seco, en un balcón o en la calle, para retirar las esporas superficiales antes de que se dispersen por casa. Ponte mascarilla y guantes, sobre todo si eres alérgico o asmático. Y aparta la prenda del resto de la colada, porque el moho viaja.
El retrato robot es conocido: puntos negros, verdosos o blanquecinos con textura polvorienta y un olor a cerrado inconfundible. Si la tela se ha vuelto quebradiza o la mancha ha traspasado la fibra, la recuperación se complica y a veces toca asumir la pérdida.
- El vinagre blanco diluido y el percarbonato sódico eliminan eficazmente el moho en algodón, lino y vaqueros
- La lana y la seda requieren lavado a mano con agua fría; para prendas caras o valiosas es mejor acudir a la tintorería
- El moho prolifera con humedad superior al 60% y aire quieto; airear la ropa completamente antes de guardarla es fundamental
Algodón, lino y vaqueros: los tejidos que aguantan
Aquí tienes margen. El vinagre blanco diluido a partes iguales con agua es el aliado clásico: se aplica sobre la mancha, se deja actuar unos 30 minutos y se lava después a la temperatura más alta que permita la etiqueta. Si la prenda es blanca, el percarbonato sódico, lo que se vende como lejía de oxígeno, aclara las manchas oscuras sin la agresividad del cloro. Después, a secar al sol, porque la radiación ultravioleta ayuda a frenar el moho.
Una advertencia que se repite poco: nunca mezcles vinagre con lejía. El resultado es cloro gas, y eso sí que te manda al médico.
En vaqueros y tejidos gruesos funciona bien el bicarbonato hecho pasta con un poco de agua, aplicado sobre la mancha localizada. Se deja secar, se cepilla y se pasa a la lavadora. Si la mancha resiste, repite el proceso, que la paciencia rinde más que subir la dosis de producto. Y nada de secadora hasta que haya desaparecido del todo, porque el calor la fija.
Lana, seda y sintéticos: mano ligera
Con la lana y la seda, el agua caliente y el vinagre concentrado son mala idea. Las fibras de origen animal se resienten, se deforman y pierden brillo. El punto de partida es un lavado a mano con agua fría o templada y un detergente para prendas delicadas.
Si la prenda es cara o tiene valor sentimental, tintorería sin dudarlo.
Avisa al profesional de que se trata de moho, porque el tratamiento cambia. En abrigos de lana estructurados, trajes o vestidos de seda con forro, el lavado casero puede arruinar el corte para siempre. Yo prefiero pagar una limpieza que llorar un abrigo encogido. Los sintéticos, como el poliéster o la poliamida, son más agradecidos: toleran bien el lavado normal, aunque conviene prelavar la mancha con vinagre diluido.
Queda el cuero, el eterno quebradero de cabeza. Pasa un paño humedecido con agua y vinagre a partes iguales, o con un poco de alcohol, con suavidad y probando antes en una zona escondida. Déjalo secar al aire, lejos de radiadores, y nútrelo después con un acondicionador específico.
Por qué vuelve y cómo evitarlo
El moho necesita humedad, poca luz y aire quieto, y un armario pegado a una pared fría lo tiene todo. Por encima del 60% de humedad relativa el riesgo se dispara, algo habitual en bajos, viviendas de costa o casas del norte peninsular.
El error más común: guardar ropa que aún no está del todo seca.
Una camiseta con un resto de humedad al salir de la lavadora, o un jersey usado en un día de lluvia y colgado de inmediato, ya es una invitación. Deja airear la ropa unas horas antes de guardarla. Y descarta las bolsas de plástico para el cambio de temporada, que atrapan humedad; funcionan mejor las fundas de algodón o de tela transpirable.
Deja espacio entre perchas para que el aire circule y no atiborres el armario hasta el fondo. Los absorbehumedades de sales o de gel de sílice ayudan, igual que un deshumidificador en la habitación si el problema es crónico.
Conviene abrir el armario de par en par un rato cada semana, sobre todo en invierno. Si el moho reaparece una y otra vez en la misma esquina, el culpable es la pared: condensación o una filtración que habrá que resolver. Ahí ya no hay truco de colada que valga.
Esperar una tarde más antes de guardar una prenda no cuesta nada. ¿Cuántas chaquetas buenas habrán acabado en la basura por no aplicar una regla tan simple?