Nos empeñamos todos en frotar el cerco de la axila con jabón y agua caliente, cuando es el gesto de antes el que decide si el algodón se agujerea
Toda la vida frotamos el cerco de la axila con jabón y agua caliente, convencidos de que así salvamos la ropa. Pero la ciencia textil tiene otra historia: el destino de tu camiseta se decide en los treinta segundos posteriores a aplicar el desodorante, no en el lavado. Una reacción química silenciosa entre el aluminio y el sudor es el verdadero culpable de esas manchas amarillas y agujeros.