Aquí tienes el artículo:
Sí, meter el bañador en la lavadora con el resto de la colada te está pasando factura. Y probablemente ni te habías dado cuenta hasta que un día, sacando el bikini del cajón para la primera escapada del verano, has visto que ya no se ajusta igual, que la tela cuelga donde antes marcaba, o que ese estampado tan bonito ahora parece deslavazado. No eres la única. Es uno de los errores más habituales del verano, y también uno de los que más se repite sin que nadie nos avise a tiempo.
El problema no es la lavadora en sí. El problema es todo lo que rodea a ese lavado exprés que hacemos entre bañador, camisetas, toallas y vaqueros, como si fuera ropa normal. No lo es. La mayoría de prendas de baño están hechas con tela de Lycra, también conocida como elastano, un material sintético que destaca por su resistencia y elasticidad. Pero esa elasticidad tiene un enemigo silencioso: el calor, la fricción y los productos químicos agresivos que conviven con ella en cada centrifugado.
Lo esencial
- Existe un enemigo silencioso que destruye tu bañador semana tras semana, y probablemente lo estés alimentando
- Cinco minutos después de salir de la piscina pueden cambiar completamente la vida útil de tu bañador
- Una inversión de menos de cinco euros puede salvar todos tus trajes de baño de los próximos veranos
Por qué la lavadora convencional acaba con las fibras del bañador
Aquí está la clave que casi nadie tiene en cuenta antes de meter el bañador en el tambor junto a todo lo demás. Las fibras que componen los trajes de baño son resistentes, pero requieren un trato cuidadoso para no dañarse, por lo que se debe evitar lavar a temperaturas elevadas y optar siempre por un ciclo de lavado para ropa delicada o un programa suave, a una temperatura que no rebase los 40 grados. El agua caliente es la primera trampa: con el agua caliente las fibras de elastano pueden perder su elasticidad más rápidamente. Y eso no se recupera después.
Luego está el roce con otras prendas. Cremalleras de vaqueros, botones, telas ásperas… todo eso engancha y desgasta la lycra mientras gira en el tambor. Por eso se recomienda separar las prendas de licra de las telas ásperas, como la mezclilla o las prendas con cremalleras, para evitar la abrasión. Y el centrifugado a toda potencia tampoco ayuda: deforma las gomas y estira lo que no debería estirarse. De hecho, evitar colgarlo en el tendedero es clave porque el peso del agua afloja las fibras elásticas, así que imagina lo que hace un centrifugado a máxima velocidad repetido semana tras semana.
Y ojo con el suavizante, ese gesto automático que muchos añadimos sin pensar. Los detergentes con lejía o suavizantes pueden descomponer las fibras de Lycra con el tiempo, y los suavizantes de telas también pueden dejar un residuo que reduce las propiedades de absorción de humedad de la tela. Vamos, que ese aroma a «ropa limpia» que tanto nos gusta es justo lo que está matando tu bañador poco a poco.
El cloro, el auténtico saboteador silencioso
Aquí viene la parte que casi nadie explica bien. No es solo la lavadora: es lo que arrastras del agua de la piscina hasta el cajón sin enjuagar. Después de un día en la piscina o en la playa, los tejidos quedan impregnados de cloro, sal, crema solar y sudor, y todos estos residuos se van acumulando y dañan las fibras elásticas, haciendo que el tejido pierda su forma o se vuelva áspero. Si a eso le sumas guardarlo húmedo en la bolsa de deporte hasta la siguiente lavadora general (algo que todos hemos hecho alguna vez), el cóctel es letal para el elastano.
El dato que más sorprende, y que explica por qué «a las pocas semanas» ya es tarde, es este: los trajes de baño están hechos de elastano, una fibra sintética cuya principal ventaja es su elasticidad, pero también es un material frágil que se deteriora con el contacto con el cloro, la arena o la sal. No hace falta un mal lavado puntual para cargarse un bañador. Basta con la acumulación silenciosa de residuos de cloro entre lavado y lavado, sesión tras sesión de piscina, sin un enjuague inmediato que lo neutralice.
Lo que sí funciona (y no cuesta más de cinco minutos)
La buena noticia es que revertir el hábito no exige convertirse en experta en lavandería. Solo requiere cambiar el orden de las cosas. Nada más salir de la piscina, antes incluso de ducharte, enjuaga el bañador con agua fría para eliminar la mayor parte de cloro, sal y arena. Ese gesto de treinta segundos es el que marca la diferencia entre un bañador que dura tres veranos y uno que se pasa de moda por dentro antes que por fuera.
Si vas a meterlo en la lavadora porque no tienes tiempo para lavarlo a mano cada día (algo totalmente comprensible si nadas a diario), hazlo con cabeza. Lo recomendable es hacerlo usando un jabón neutro y con un programa de ropa delicada, y también es aconsejable lavarlo dentro de una de las bolsas para ropa especial. Esa bolsa de malla es tu mejor inversión de los próximos veranos: apenas cuesta unos euros y evita que el bañador roce directamente con cremalleras o botones de otras prendas.
Sobre el secado, el error clásico es tender el bañador con pinzas al sol directo, pensando que así se seca antes. Craso error: no es recomendable secar bikinis y bañadores al sol directo, siendo mejor dejarlos secar al aire, en horizontal y a la sombra, para evitar que la licra se reseque y que los colores pierdan intensidad. Y nunca, bajo ningún concepto, en la secadora: nunca debes usar la secadora, ya que rompe las fibras elásticas y corres el riesgo de que se deforme.
Al final, la pregunta no es si merece la pena dedicarle esos minutos extra a un bañador. La pregunta real es cuántos bañadores has tirado ya, convencida de que «así se estropean, qué se le va a hacer», sin saber que el verdadero culpable era ese ciclo rápido a 40 grados con el resto de la colada. La próxima vez que vuelvas de la piscina, antes de lanzarlo al cesto de la ropa sucia, dale ese enjuague de agua fría. Tu bolsillo (y tu bañador favorito) te lo van a agradecer en septiembre.
Sources : xatakahome.com | home-healthy-home.com