De la caja del armario a la subasta: cómo el Fendi Baguette de los 90 que guardabas se convirtió en una fortuna en 2026

Aquella caja de cartón llevaba quince años acumulando polvo en el altillo del armario, junto a los cactualizados casetes y las fotos de graduación. Dentro, un bolso rígido, compacto, con las hombreras cortas y ese aire de «no sé si esto es feo o es una genialidad» que solo tienen las piezas de los 90. Pues bien: si ese bolso lleva el logo FF de Fendi y forma de barra de pan bajo el brazo, acabas de encontrar un tesoro. El Fendi Baguette, ese accesorio que muchas guardábamos por sentimentalismo (o por no atrevernos a tirarlo), se ha convertido en 2026 en una de las piezas vintage más codiciadas y mejor pagadas del mercado de segunda mano de lujo.

Lo esencial

  • Un accesorio noventero que creías anticuado podría estar valuado en miles de euros en 2026
  • María Grazia Chiuri, exdiseñadora del Baguette original, regresa a Fendi y relanza la pieza icónica
  • El material, año de fabricación y documentación original pueden duplicar el valor de tu bolso

De obsesión noventera a reliquia de subasta

El Fendi Baguette original hizo su debut en la pasarela como parte de la colección de Fendi de Otoño/Invierno 1997, con una silueta compacta y una correa corta diseñada por Silvia Venturini Fendi. No era un bolso cualquiera: aunque los 90 se recuerdan como la década minimalista por excelencia, Fendi diseñó el Baguette para romper esa norma con estampados, colores y adornos que rompían las reglas de la época, y casi 30 años después sigue vigente. Su gran salto a la cultura pop llegó de la mano de la televisión: colgado del hombro de Carrie Bradshaw en Sex and the City, este accesorio se convirtió en una de las piezas más buscadas del mercado de reventa.

Y aquí viene la parte que a más de una nos va a doler un poco: el Baguette alcanza precios altísimos en el mercado de segunda mano, especialmente las versiones con lentejuelas o con colores y estampados Y2K, que llevan varias temporadas siendo tendencia. No hablamos de una moda pasajera de Instagram. Hablamos de subastas serias, con casas como Christie’s de por medio. Este mismo año, dos bolsos Fendi Baguette que pertenecieron a Elizabeth Taylor salieron a subasta en Christie’s, con la etiqueta original de la histórica puja de 2011 que dispersó parte del legado de la actriz. El resultado: los Baguette se movieron en una horquilla estimada entre 2.700 y 4.600 euros por pieza, aunque los expertos confiaban en que el origen de las bolsas empujara los martillazos finales. De caja del altillo a lote de subasta hay un trecho más corto de lo que pensamos.

Por qué ha vuelto justo ahora (y no antes)

La explicación tiene nombre y apellido: Maria Grazia Chiuri. Tras casi una década al frente de Dior, la diseñadora ha regresado a Fendi, la casa donde empezó su carrera. Y no vuelve como una desconocida a este bolso: trabajó como diseñadora de accesorios en Fendi durante los 90, ayudando a liderar el desarrollo del icónico Baguette. Su primera colección para la maison, presentada en Milán, giró precisamente en torno a esta pieza: no faltaron los Baguette sobre la pasarela, con versiones de cuentas, cristales, cuero envejecido, estampados animales y más.

Lo interesante es que Chiuri no se limitó a reeditar el diseño con un lavado de cara superficial. Recuperó los detalles originales, añadiendo de nuevo las hebillas dobles en la correa que con los años se habían sustituido por cierres tipo mosquetón. Es una reivindicación de la pieza tal y como era, no una versión edulcorada para Instagram. Y el mercado lo ha notado: según los propios coleccionistas del sector, plataformas como Vestiaire Collective y Collector Square registran un aumento del 22% en transacciones autenticadas de bolsos vintage respecto a 2023, y las búsquedas también crecen para las primeras series de Baguette de Fendi. Esto no es nostalgia difusa: es demanda real, con dinero real detrás.

Qué hace que un Baguette valga más que otro

Aquí la cosa se pone técnica, y conviene saberlo antes de vender el que tengas guardado (o antes de comprarte uno de segunda mano pensando que es una ganga). No todos los Baguette valen lo mismo, ni de lejos. El material importa, y mucho: las versiones en Selleria (esa piel gruesa con la costura vista, artesanal, la línea más premium de la casa) suelen cotizar por encima de las de lona o nylon. El año de fabricación también pesa en la balanza, igual que la conservación de la documentación original. De hecho, en el sector se repite una máxima que aplica a cualquier pieza vintage de lujo, no solo al Baguette: el valor no depende solo de la marca, sino de una combinación de año de producción, material, color, estado de conservación y documentación original, hasta el punto de que un modelo con su recibo y caja puede valer el doble que el mismo modelo sin papeles.

Las versiones más buscadas ahora mismo son las que llevan lentejuelas, bordados o estampado animal en tonos Y2K, precisamente las que Chiuri ha vuelto a poner sobre la pasarela este año. Si tu Baguette de caja está forrado en satén negro con pedrería o luce ese estampado de leopardo tan noventero, no lo cambies por una funda de plástico en el trastero: llévalo a tasar. Puede que valga bastante más que cuando lo compraste con tu primera nómina (o que cuando te lo regaló tu madre «porque ya no lo usaba»).

La lección que deja este resurgir

Lo del Baguette no es un caso aislado, es un síntoma. La moda de los 90 lleva años entrando y saliendo del radar, pero esta vez el regreso viene con respaldo institucional: una diseñadora que formó parte de la historia original del bolso, una casa de subastas centenaria poniendo precio a las piezas de archivo, y un mercado de segunda mano que ya no trata el vintage como un capricho sentimental sino como una inversión con datos detrás. La próxima vez que pienses en deshacerte de «esa cosa rara de los 90» que te empeñas en guardar, quizás merezca la pena preguntarte primero si no será, sencillamente, que todavía no le ha llegado su momento. O que ya se lo está quitando de las manos alguien con más ojo que tú.