El lino encoge, de media, entre un 3 y un 5 % en el primer lavado, y bastante más si la tela llega cruda o sin pretratar. En una camisa de 70 centímetros de largo hablamos de unos tres centímetros menos. Los suficientes para que la manga deje de llegar a la muñeca.
Lo bueno: casi toda esa merma se puede controlar.
- El lino encoge entre un 3 y un 5 % en el primer lavado.
- Lavar a 30 grados conserva casi toda la forma de la prenda.
- El secado al aire es lo que más protege la talla.
Por qué encoge una fibra tan poco elástica
La culpa no es de la fibra, que apenas se estira ni se contrae. Lo que se mueve es el tejido. Durante el telar, los hilos se mantienen en tensión hasta que el agua y el calor los relajan, como un muelle que por fin se suelta. Por eso el lino prelavado o lavado en fábrica merma mucho menos que el crudo.
Conviene mirar la etiqueta y la descripción de la prenda: si hablan de lino prelavado o de acabado suavizado, el grueso del encogimiento ya ocurrió. Si no dicen nada, cuenta con la merma completa.
Temperatura: 30 grados y sin dramas
El punto dulce está en 30 grados. Con agua fría o tibia, programa delicado y centrifugado suave, el lino conserva casi toda su forma. Algunas etiquetas admiten 40, pero cada grado extra tira de los hilos hacia la merma.
El agua caliente es el enemigo número uno.
Las sábanas de lino blanco a veces aceptan 60 grados, y ahí manda lo que diga la etiqueta de cada pieza. En una camisa o un pantalón, mejor no arriesgar. Y detergente líquido y neutro, sin lejía y con el suavizante fuera del cajón, porque recubre la fibra y le quita capacidad de absorción.
Tampoco llenes el tambor hasta arriba. Con el lino mojado, que pesa más de lo que parece, el roce entre prendas apretadas es lo que acaba dejando arrugas imposibles de plancha.
Secado: el momento en que se gana o se pierde la talla
Aquí se decide todo. La secadora a temperatura alta es la vía rápida hacia una prenda más pequeña, y encima con tacto acartonado. Si no te queda otra, usa un programa suave y saca la ropa cuando aún esté ligeramente húmeda. Lo ideal es tender al aire, a la sombra o con sol suave (el sol directo y prolongado apaga el color), en percha o en un tendedero ancho.
Nunca retuerzas el lino mojado.
Escúrrelo presionando entre toallas, sacúdelo con un par de golpes secos y tiéndelo estirando con las manos costuras y bajos. Ese gesto de medio minuto reparte la tensión y ahorra media sesión de plancha. Los pantalones, colgados de la cintura con pinzas; las camisas, en percha.
Cómo evitar la merma y recuperar algo de talla
Si cosiste o vas a arreglar una tela de lino, lávala y sécala antes de cortar, tal como harás después con la prenda terminada. Con ropa comprada, la apuesta segura es elegir la talla pensando en ese primer lavado, sobre todo si el lino es crudo.
¿Ya ha encogido? Queda margen. Humedece la prenda en agua tibia, tira con suavidad de las zonas que han quedado cortas y plánchala con vapor mientras siga húmeda. El lino aguanta la plancha a temperatura alta, mejor del revés. Ganas algo de largo, aunque no esperes milagros.
Con cada lavado el lino se suaviza y gana caída, y por eso las prendas viejas suelen ser las más agradables de llevar. Los egipcios ya envolvían momias en lino hace más de tres mil años, así que la fibra aguanta de sobra; lo que hay que vigilar es el ajuste.
Ahora que el armario cambia de temporada, lava el lino antes de guardarlo y asegúrate de que esté seco del todo, porque el sudor del verano y la humedad dejan manchas que se notan en abril. ¿Y si el verdadero lujo de esta tela fuera, justamente, saber esperar a que se seque?