Limpiar unas alpargatas de esparto se resume en una regla: poca agua y mucha paciencia. La lona admite un baño ligero con jabón neutro, pero la suela de cuerda trenzada no debe empaparse nunca. Si respetas eso, el par te dura otro verano entero.
Mojar la suela es el error que las mata.
Las fibras vegetales funcionan como una esponja. Absorben el agua, se hinchan y tardan una eternidad en secarse, y mientras tanto el pegamento que une la cuerda a la lona va cediendo. El resultado son suelas que se despegan, se deforman o huelen a sótano, con moho incluido. Ninguna mancha de la lona justifica ese destino.
- La suela de cuerda nunca debe empaparse: absorbe agua como esponja y el pegamento cede
- La lona tolera un baño ligero con jabón neutro y agua tibia, la suela solo toques secos
- Los malos olores vienen del sudor interior, no de la suela: bicarbonato y vinagre los eliminan
Qué tienes entre manos antes de empezar
Casi todas las alpargatas tradicionales combinan una parte superior de lona de algodón con una suela trenzada de yute o de esparto. El yute es más blando y flexible, mientras que el esparto, una gramínea mediterránea, resulta más rígido y resistente.
Conviene mirar la etiqueta o preguntar en la tienda, porque algunos modelos llevan una capa de goma en la planta que cambia las reglas. Con goma, el par tolera algo más de humedad. Sin ella, la cuerda queda expuesta y manda el criterio de máxima sequedad.
La palabra alpargata viene, según la etimología más extendida, del árabe, y el calzado de fibra vegetal acompaña a los campesinos mediterráneos desde hace siglos. Nació para trabajar la tierra, no para lucirse en una terraza. Nadie pensaba entonces en lavarlas con mimo: se gastaban y se hacían otras. Esa es la paradoja de ahora, que las vendemos como básico de verano y luego no sabemos cómo cuidarlas.
Con las cuñas de esparto, tan presentes cada primavera, la regla pesa todavía más. La plataforma de cuerda es mayor y, por tanto, absorbe más agua.
Y la lavadora, ni lo sueñes.
Paso a paso: la lona primero, la suela después
Empieza en seco. Sacude las alpargatas, quita la arena y el polvo con un cepillo de cerdas suaves y repasa también la cuerda siguiendo la trenza. Parece un paso menor y se lleva buena parte de la suciedad.
Mezcla agua tibia con unas gotas de jabón neutro y humedece un paño o una esponja, que quede bien escurrido. Frota la lona con movimientos circulares y aclara con otro paño apenas húmedo.
Para las manchas rebeldes funciona una pasta de bicarbonato y agua: déjala actuar unos minutos y retírala con el cepillo. Huye de la lejía, que amarillea el algodón y debilita las fibras. Si la lona es de color, prueba antes en una zona escondida por si destiñe.
Con la suela, menos es más.
Pasa un cepillo seco, o un cepillo de dientes viejo, entre las vueltas de la cuerda. Si hay una mancha, aplica toques con un paño muy escurrido, sin frotar ni empapar. Cuida que la humedad no corra hacia el borde donde la cuerda se une a la lona. Esa unión es el punto débil de todo el zapato.
El secado manda más que la limpieza. Déjalas a la sombra, en un sitio ventilado, con papel de cocina o de periódico arrugado dentro para que absorba la humedad. Ni sol directo ni radiador, porque el calor reseca la cuerda hasta agrietarla y la lona encoge.
Si te pilla un chaparrón con ellas puestas, cambia el papel interior cada pocas horas. Cuanto antes salga el agua, menos riesgo de que la suela se hinche.
Malos olores: el problema vive dentro
El olor casi nunca viene de la suela, viene del interior. El sudor, la humedad y el uso sin calcetines montan un caldo de cultivo perfecto para las bacterias. Si además las guardas aún húmedas tras una tarde de playa, el desastre está servido.
Espolvorea bicarbonato dentro, déjalo actuar toda la noche y sacúdelo por la mañana. Absorbe humedad y neutraliza buena parte del olor.
Para casos más tercos, pulveriza una mezcla ligera de agua y vinagre blanco sobre la plantilla, sin pasarte, y deja ventilar. El olor a vinagre desaparece al secarse, y con él, casi siempre, el otro.
Ventilarlas después de cada uso evita medio problema.
Alternar pares ayuda más de lo que parece. Si las llevas a diario durante semanas, la fibra no tiene tiempo de soltar la humedad del pie. Guárdalas en un lugar seco y con aire, nunca en una bolsa de plástico ni en el fondo del coche. Un día de descanso vale más que cualquier remedio casero.
Unas alpargatas bien cuidadas no lucirán como el primer día, y esa pátina de lona gastada forma parte de su gracia. ¿Cuántas zapatillas actuales envejecen con tanto estilo?