Diarios de motocicleta

Walter Salles, 2004. Argentina.

Diarios de Motocicleta, 2004

Género: Aventuras, Road-movie, biopic.

Tienes que verla porque: El Che, antes de ser un combativo activista revolucionario, fue joven.

“El plan: recorrer 8.000 km en 4 meses.

El método: la improvisación

Objetivo: explorar el continente latinoamericano que sólo conocemos por los libros.

Equipo: la Poderosa: una Norton 500 del 39, que está rota y gotea.

El piloto: Alberto Granado, amigo panzón de 29 años y bioquímico, vagabundo científico declarado.

El sueño del piloto: coronar el viaje con su 30 aniversario.

Copiloto: Ernesto Guevara de la Serna, alias el “Fuser”, 23 años, estudiante de medicina. Especialista en letras, jugador amateur de rugby y, ocasionalmente, asmático.

El periplo: de Buenos Aires hasta la Patagonia, subir por chile, por la columna vertebral de los Andes, hasta la península de La Guajira, en Venezuela.”

Con este texto, recitado por la voz en off de Gael García Bernal interpretando a Ernesto Guevara, da comienzo el film, acompañado de las imágenes de los preparativos para el viaje y de la música de Gustavo Santaolalla, que no dejará de hacerlo en las dos horas de duración de esta road-movie.

La Poderosa on the road

Ernesto Guevara y amigos preparando la Poderosa.
Ernesto Guevara y amigos preparando la Poderosa.

La partida es el 4 de enero de 1952 desde Buenos Aires. La Poderosa va cargada de macutos, zurrones y mantas atadas a la parte trasera. Todo se sostiene de forma milagrosa, como una metáfora de lo que va a ser el propio viaje. Alberto Granado (Rodrigo de la Serna), bromista y divertido, no se asusta por las pequeñas explosiones que produce su tubo de escape.

La familia Guevara se despide de Ernesto, sin ninguna preocupación aparente. Su padre le regala una pistola, pero es una falsa expectativa: no ocurrirá nada con el arma, más allá de matar un pato, que les salva en la Patagonia, cuando el hambre ya comienza a hacer mella.

Una parada en Miramar retrasa el viaje. La breve permanencia de dos días, programada en un principio, se alarga hasta una semana porque Ernesto se ha enamorado de Chichina, una joven burguesa argentina. Este romance también funciona como contrapunto a las relaciones que se van a encontrar por el camino.

Un ratito a pie y otro caminando

Y llega el giro inesperado, sobre todo porque el título de la película deja de hacer honor al viaje: la moto se estropea en Temuco (Chile) cuando no han recorrido más que unos 2700 km. El intento de que un mecánico les arregle el vehículo sin pagar un peso se ve truncado, cuando aquél descubre a Ernesto flirteando con su mujer en una fiesta por la noche. Recuperan la Poderosa, la sacan del taller y salen corriendo de Tamuco, pero la moto no tiene frenos. Acaban estrellándose en la carretera y atropellando a una vaca.

A partir de aquí, el periplo debe ser caminando, haciendo autostop, en barco por el Amazonas, etc. A medida que el viaje se va consumando, los paisajes, cada vez más maravillosos, contrastan con la realidad social latinoamericana. El descubrimiento geográfico y aventurero que los personajes habían imaginado al salir de Buenos Aires va dejando paso a una amalgama de injusticias retratada mediante la pobreza y la enfermedad, el caciquismo y el hambre, la infamia histórica y la indefensión indígena.

Te sentaba tan bien esa boina calada al estilo del Che…

La aventura, que empieza como una actividad jocosa y divertida, sobre todo por la bailonga actitud de Alberto Granado, se va convirtiendo poco a poco en una comprometida razón que les lleva, incluso, a prestar sus servicios en el hospital de leprosos de San Pablo. En un lugar apartado en Perú, un poblado de enfermos se separa del pueblo sano o no infectado gracias al río. Ernesto y Alberto rompen las normas al negarse a ponerse guantes para tratar a los pacientes y se acercan a los leprosos sin pudor alguno. La evolución de los personajes se manifiesta a través de sus gestos cada vez más solidarios.

Pero el conocimiento del espectador sobre el futuro del “Che” Guevara condiciona la narración, puesto que sabe que este viaje, en realidad, le está formando en su opinión ideológica y política, convirtiéndolo en el luchador comunista que todos conocemos. En el Machu Picchu reflexiona sobre la sabiduría del pueblo Inca, eliminada por completo por los invasores españoles. En el hospital de leprosos da un discurso en el que lamenta que las fronteras de la América latina se crearan de forma arbitraria, sin tener en cuenta ningún aspecto social común, y aboga por una América unida desde México hasta el estrecho de Magallanes.

El final de la película nos muestra la separación de Alberto y Ernesto en Caracas, dando por finalizado el viaje. No volvieron a verse hasta 1960 en La Habana, donde Ernesto cambió de “Fuser” a “Che” y donde ha vivido Alberto Granado el resto de su vida. Lo suficiente como para poder ver Diarios de motocicleta.

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Diarios de Motocicleta, 2004
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Miguel Ángel Delgado

Cineasta, escritor y guionista. Es especialista en drama escopetero, aunque no le hace ascos casi a ningún género. No se lleva demasiado bien con el realismo. Escribe sobre cine desde el cariño.

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