Cristina Fernández Cubas: «Cuanto más raro es lo que quieres contar más verosímil tienes que parecer»

La Escuela de Escritura del Ateneu Barcelonés organizó hace unas semanas un encuentro con la escritora Cristina Fernández Cubas. Dirigió la conversación la también cuentista Mercedes Abad, y en ella hablaron sobre todo de su último libro, La habitación de Nona, y de sus temas preferidos: la búsqueda de la identidad, los dobles, los desdoblamientos, la infancia, la maldad… 

4«En el año 80, cuando publiqué mi primer libro, todo el mundo me decía: ”bueno, ¿qué? ¿ahora a por la novela?”. Y yo siempre defendía el cuento como género, siempre decía que no veía por qué. Es verdad que mi tercer libro es una novela, hice una novela porque lo que tenía que contar le iba bien. Pero en realidad es una novela que tiene mucho que cuento, por el ambiente onírico. El año de Gracia, se llama. Con decir que las antagonistas son unas ovejas carnívoras… Esto fue antes de las vacas locas, que conste. Las vacas locas me copiaron. Yo me lo pasé en grande escribiéndolo, porque cuanto más raro es lo que quieres contar más verosímil tienes que parecer».

Ganadora del Premio Nacional de Narrativa

4«En estos momentos el cuento está reconocido. Que las editoriales sigan prefiriendo novelas es otra historia, pero el cuento está reconocido. Que me dieran el Premio Nacional es una de las ilusiones más gordas de mi vida, porque ni lo esperaba. Es un premio al que no te presentas. Son unos señores que se reúnen, y van votando, y de repente me llamaron por teléfono… Pensé que era una broma. Una vez vi que iba en serio me puse contentísima. No solo por mi libro, La habitación de Nona, sino también por todos los cuentistas. Porque no es tan habitual que se dé a un libro de cuentos un premio de esta envergadura. Creo que todavía estoy emocionada, esto no se me pasará así como así…»

4«El cuento siempre tendrá menos lectores que la novela, porque requiere un lector nada perezoso. Eso que dicen del cuento, la vida rápida y tal… no sé… porque en un cuento no se da nada machado. El lector es activo, es tu cómplice. Y no se encuentran tantos cómplices en la vida así como así. No se machacan nada las cosas diciéndolas dos, tres o cuatro veces. Y el lector no tiene prisa. Si no entiende una cosa va hasta el principio, lo relee… es nuestro cómplice y nuestro amigo».

«La realidad es simplemente una ilusión, aunque muy persistente». Albert Einstein

4«Es que no hay nada claro en la vida. En realidad soy una escritora realista. La realidad está llena de agujeros negros, hay tantas cosas que no entendemos, que no sabemos… La vida está llena de enigmas. En efecto, mis relatos suelen partir de la cotidianidad más aparentemente apacible, pero quién ha dicho que es apacible la cotidianidad, si después aparece un elemento y se va todo a…»

4«A Poe lo conocí oralmente. Mi hermano nos contó La caída de la casa Usher un día de lluvia de tormenta, con todos los elementos a favor. Me fascinó. Después, de adolescente, cuando leí yo por mí misma La caída de la casa Usher… pues la encontré muy pequeña. Como buen narrador oral, mi hermano iba improvisando. Se había inventado galerías, sotanos, azoteas… Pero el cuento de Poe es muy bueno».

El oficio de escribir cuentos

4«En los libros de cuentos el orden es importantísimo. Un libro de cuentos no quiere decir un cuento al lado de otro, de otro, de otro… Es como un barco en el que el autor es al mismo tiempo el capitán, el armador y sobre todo el estibador, el que tiene que colocar la carga. Luego el lector tiene que hacer lo que le da la gana, porque igualmente lo hará. Tú no estás ahí para controlarlo. A nosotros nos encanta que sigan un orden, pero el lector hace lo que quiere y hace muy bien, porque yo también lo hago cuando soy lectora: entra en un camarote, pasa a otro, va de proa a popa… Pero de la estabilidad del barco responde el autor. Se trata de distribuir la carga».

4«Yo nunca he sido de libro por año porque no me gustaría hacer una profesión de esto. Aquello de “tengo que escribir”. Esa imagen que a mí me horripila, la de estar ante el famoso papel en blanco diciendo no me sale, no se me ocurre… Si no se te ocurre, pues no escribas. Me gusta mucho escribir, pero me gusta cuando tengo algo que contar. El problema no es un papel en blanco, es cuando de repente te has equivocado de tono, que esto da mucha rabia. Empiezas contando algo que te gusta mucho y hay algo que falla ahí… pierdes el tono… ¿cómo se encuentra el tono? Ah, no sé. O está, o no está. Para mí es mi problema. Muchas veces el papel en blanco en realidad es un papel emborronado con muchas cosas».

4«Borges decía que es un gran alivio conocer el final y tenía toda la razón. Pero aunque tú lo conozcas o creas conocerlo eso no quiere decir que termines contando lo que pensabas contar, porque en el proceso de escritura pasan muchas cosas. Hay muchas maneras de escribir. También hay gente que lo tiene todo en la cabeza y luego lo plasma. Yo no, puedes tener muchas cosas en la cabeza, pero cuando le vas dando forma, creas unos personajes… a lo mejor ellos también tienen algo que decir».

«Yo con las historias que escribo no sé si me querrán mucho»

4«Escribir forma parte de mi vida. Yo empece a escribir como un juego muy de pequeña. En la facultad lo dejé completamente y luego seguí. No sé, forma parte de mi vida, es la posibilidad de conocerte a ti mismo, de ahondar en los misterios de la vida, de disfrutar de un mundo que has creado tú y sobre todo de explicarte cosas que no entiendes. Porque muchas veces escribiendo aprendes algo que no sabías. Yo lo que no entiendo es eso que dicen muchos escritores, que seguro que lo dijo alguien y después lo dicen todos. ¿Para qué escribe usted? “Para que me quieran”. Pues no sé, porque yo con las historias que escribo no sé si me querrán mucho».

4«Mi editor estaría encantado de que yo escribiera una novela. Este libro le ha encantado y todo eso… pero para un editor la novela siempre es una apuesta más segura que los cuentos… Yo he escrito varias novelas y estoy muy contenta. Pero a mí es que me encanta el cuento, es más misterioso. No solo como escritora sino también como lectora».

La habitación de Nona
(¡cuidado con los spoilers!)

4«La habitación de Nona fue una de las experiencias más gratificantes que he tenido. No siempre ocurre así. Fue de aquellas veces que estás poseída por una idea, no comes, no bebes… y te lo pasas de muerte. Yo entiendo que es un cuento que dé lugar a debates. Nona, aunque nunca se pronuncie el nombre de la enfermedad, posiblemente tenga síndrome de Down. Hay un momento en que la narradora dice “en esta casa no se pueden decir nombres extranjeros” y cuenta incluso que en un caso expulsaron a una señora que dijo un nombre extranjero. Nona no se gusta a sí misma. Tiene un grupo de amigos imaginarios. La hermana de una amiga mía, que tiene síndrome de Down, a veces va en coche y va riéndose… tiene un grupo, no tiene un solo amigo imaginario, tiene un grupo donde ella es la reina… la escena de la piscina me vino inspirada por lo que se me contó de esta niña, que en la piscina se lo pasa muy bien porque tiene un grupo de amigos y ella es la reina… Pero quien narra el cuento no es una niña imaginaria, es la propia Nona, que se ha creado un personaje. Nona no se gusta y cree que es otra. O le gusta creer que es otra, de la misma forma que se inventa un psicólogo que en realidad es un señor mayor y ella lo pone guapísimo. No es una amiga invisible, es Nona que se ha creado un personaje teatral. Cuando se me ocurrió se me puso la piel de gallina y me puse a escribirlo con una dedicación total».

4«En el libro hay como una corriente de el aire, como si alguien se hubiese dejado una ventana abierta. Hay momentos muy claros, como Interno con figura. La narradora es una escritora que se me parece mucho. Vaya, que me parece que soy yo. Se queda flipada ante el cuadro, que es la portada de mi libro porque la verdad es que el cuadro es muy raro, rarísimo. Yo he intentado buscar la historia de este cuadro y no ha habido manera. Incluso compré un libro… y nada. Daban los datos y las medidas… y nada más. Y como nadie contó la historia, pues yo me la inventé. Para eso estoy. Cuando esta escritora que se me parece sospechosamente ve este cuadro, le recuerda a Nona. Hay un momento en el que Nona empieza a comer y a crecer a lo ancho, y comida en su cuarto. La niña del cuadro podría ser Nona, además tiene los ojos achinados… yo estaba escribiendo Nona cuando conocí el cuadro. Me resultó tan potente que se merecía un cuento para él solo».

4«El final de Barbro más que una venganza es un ajuste de cuentas. Yo ceo que Barbro se merecía este final. Era de aquellas personas que van sembrando la inquietud, que no quieren compartir lo suyo con nadie, que no se las puede acusar de nada legalmente, pero que te destrozan la vida. Fue muy gracioso, cuando yo publiqué este libro un conocido me dijo quería comer conmigo. Me dijo: “Es que Barbro a mí me pone”. Él se creía que era una cosa muy personal, que éramos mis hermanas y yo y que mi padre se había casado en segundas nupcias con una nórdica preciosa… Por favor, mi padre era un señor de Zaragoza que estaba enamoradísimo de mi madre. No lo veo yo con una nórdica en mi casa. Era un señor muy serio, con bigote… no lo veo».

 

La habitación de Nona, de Cristina Fernández Cubas
La habitación de Nona, de Cristina Fernández Cubas

 

4«Hablar con viejas lo escribió mi remordimiento, y cuando lo escribía no sabía dónde iba. Yo un día estaba en la calle París y de repente oigo que dicen “niña, niña…” Yo no me giré, claro. Y resulta que la niña era yo. Y entonces, tal y como aparece en mi cuento, una señora muy mayor, muy amable, con un traje floreado, me dice: “niña, por favor ¿me ayudas a cruzar la calle?”. La ayudo a cruzar y me dice: “Yo vivo aquí, en el cuarto, ¿te apetece subir un ratito y tomar unas pastas?”. Yo dije perdón, pero no puedo, y tal… y me fui a casa con remordimientos. Porque pensé: pobre señora, qué sola debe de estar para invitar a una desconocida a subir a su casa. ¿Y si esta desconocida es una ladrona? ¿Y si es a lo mejor una loca, una asesina, yo qué sé? Pero por otro lado pensé: qué mala soy. Bueno tampoco estoy yo todo el rato para subir en los pisos de todo el mundo… Pero pensé en qué mala era yo por no regalarle quince minutos a esa persona que estaba tan sola. Me puse a escribir y lo que no hice en la vida real, que es subir a su casa, lo hice en la literatura. Subí y ¿qué es lo que me encontré? Pues bueno, mis remordimientos desaparecieron, porque estaba claro que no debía haber subido. Este es un cuento en que parto de un estímulo, el remordimiento, y a medida que iba escribiendo la casa típica del ensanche ocultaba algo… y al poco rato yo sabía qué se ocultaba allí. Son cuentos que parten de un estímulo poderoso y vas a la aventura hasta que lo ves».

4«La nueva vida para mí es un cuento tremendo, y por eso lo puse justo antes de los wasi-wanos. La nueva vida no es solo la historia de una ausencia, sino la historia de la edad y de que no se puede volver al pasado. Para mí es un cuento duro, y creo que está bien donde está. Los wasi-wanos vienen después para decir que la vida sigue y que viva la imaginación y viva todo. De pequeña empecé a hacer un álbum de razas humanas inventadas por mí. Ahora lo encuentro un poco morboso, pero bueno. Una cosa un poco antropológica. A mí la antropología me gusta mucho, y por eso escribí Días entre los wasi-wano«.

Comparte este artículo:

Laura Rangel

Periodista y estratega del marketing digital. Escribe raro, fotografía seres humanos, toca el ukelele, cría periquitos. Además de en El Último Grito, puedes encontrarla en Linkedin y Twitter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. ACEPTAR

Aviso de cookies