Blues, la música del Delta del Mississippi

Blues, la música del Delta del Mississippi, publicado por Ted Gioia, se convirtió en uno de las grandes referencias bibliográficas sobre el tema desde el momento de su publicación, en el año 2008. El autor ya venía avalado por el éxito incontestable de su Historia del Jazz en 2004, y de su antecesor, The Imperfect Art: Reflections of Jazz and Modern Culture (1988). Ahora en 2018, Turner Publicaciones reedita la obra de Gioia (descatalogada en España desde hace años), en una cuidada edición rústica y traducción de Mariano Peyrou.

Blues, la música del Delta del Mississippi, resulta realmente ejemplar trabajo de investigación, documentación y recopilación de anteriores antologías de grandes estudiosos del blues, como David Evans o de Paul Oliver. Ted Gioia, acudiendo al origen geográfico, se instaló en Texas durante unos años, y desde allí, pasó largas temporadas en el barrio donde vivió Skip James o donde Robert Johnson registró algunas de sus grabaciones, cerca de Chisholm Trail. Gioia indagó en los orígenes de los blues primigenios, recorrió palmo a palmo el Delta del Mississippi, tal y como hicieron algunos de sus antecesores.

Blues, la música del Delta del Mississippi, de Ted Gioia.
Blues, la música del Delta del Mississippi, de Ted Gioia.

Canciones de amor y mala suerte

Como el arqueólogo Charles Peabody, el cual se puede considerar como el pionero en estudiar el blues del Delta. Éste viajó a Mississippi para iniciar importantes trabajos arqueológicos en las potentes capas de lodo que se acumulan en el delta, y se quedó fascinado con los cánticos de los trabajadores negros. Cuando volvió a Harvard en 1901, escribió Notas para la música negra, un tratado en el que se encuentran algunas de las claves de lo que después sería en blues del Delta y en el que ya se habla de “canciones de amor y mala suerte”.

De igual forma, Gioia se detiene en los estudios acerca del origen africano de los ritmos que proliferaron en el Delta, como los efectuados por el clásico Samuel Charters y su Las raíces del blues: una búsqueda africana, para concluir que “algunos elementos del blues proceden de los músicos tribales de los antiguos reinos, pero como estilo, el blues representaba otra cosa. Era, en esencia, una nueva clase de canción que había nacido con la nueva vida en el sur de los estados unidos”.

La música de una gran catástrofe social

El libro se estructura en once capítulos principales, mediante los que abarca desde una descripción física y geomorfológica de la llanura fluvial, hasta los aspectos económicos y sociales del estado de Mississippi, concluyendo que el blues se origina en las zonas más pobres del país, en comunidades aisladas alejadas de la vida urbana y con escasa influencia externa, lugares poco transitados por estudiosos, plantaciones y prisiones y ciudades tan pequeñas que hasta los historiadores olvidaron su presencia durante décadas. Gioia concluye que el blues es casi el único fenómeno artístico del siglo XX que transgrede la regla fundamental, al surgir aislado y lejos de centros muy frecuentados; lo cual sugería, a priori, una complicada difusión.

Se hace especial énfasis en los aspectos sociales y económicos del origen del blues, en cómo la falta de conexión a principio de siglo XX entre estos músicos originales con la mayor parte de la sociedad cultivaba una música basada en la expresión personal y evocaba sentimientos de alineación y anomia. El blues del Delta refleja una gran catástrofe social, aislamiento y exclusión social producto de siglos de esclavitud y sometimiento a toda una raza. Los afroamericanos lucharon por encontrar sustitutos de lo que habían perdido en el mundo de sus relaciones personales. El blues expresó esta dinámica, le dio una expresión poética a tantos siglos de vivencias trágicas de todo un pueblo. El autor equipara el simbolismo de las letras del blues al existente en el arte más “elevado”, por ejemplo, con el de los poetas simbolistas franceses del XIX.

“No solamente soportaba cosechar, la verdad es que me encantaba. Era hermoso vivir con las estaciones, abrir el suelo en el invierno helado. Plantar las semillas contra el viento de la primavera y hacer la cosecha en el calor del verano. Hay poesía en eso, yo tenía la sensación de que pertenecía a un lugar y de que mi trabajo importaba”, contaba BB King, con orgullo, en uno de los numerosos testimonios que se insertan y enriquecen el texto. Otros músicos, de cuyo testimonio se deja constancia, no son tan optimistas y lo cuentan con más resentimiento, como es el caso de John Lee Hooker, pues la inmensa mayoría de grandes bluesmen comenzaron trabajando en la tierra, algunos durante casi toda su vida, como Howlin’ Wolf.

En otro de sus capítulos, estudia el origen de las percusiones y las letras, la “melancolía cotidiana” según el autor, los cánticos en las plantaciones durante el trabajo y resto de actividades cotidianas, la religión y la superstición, que son el sello distintivo del origen de la música del Delta, los “minstrel shows” y otros espectáculos ambulantes de entretenimiento en los que se propagaban estas canciones. Pero no sólo las canciones acompañaban las horas de trabajo, sino también el ocio, que ejercerían una poderosa influencia sobre la posterior tradición del blues (evidentemente, cuando los trabajadores mejoraron sus condiciones de trabajo, empezaron a poder disfrutar de más tiempo libre).

W.C. Handy y el primer disco de blues

Ma Rainey
Ma Rainey

Gioia se adentra en el análisis de los orígenes del blues del Delta, cuestionando hechos y leyendas que siempre se dieron por ciertas, y dejando claro que son muchas más las incertidumbres que las certezas.  Señala  a W.C. Handy y su St Louis Blues como el primer blues registrado, si bien cuestiona la veracidad de algunos elementos de su biografía y los hechos que dieron lugar a que Handy, proveniente de las variedades, se convirtiera en un músico de blues. “Un día, en una estación de tren de Tutwiler, un negro flaco y ágil había empezado a tocar la guitarra detrás de mí… su ropa estaba hecha jirones; los dedos de los pies asomaban por los agujeros de los zapatos. Su rostro reflejaba una especia de tristeza antigua. Cuando tocaba, apretaba su cuchillo contra las cuerdas de la guitarra. El efecto fue inolvidable, su canción me cautivó de inmediato”. Pero a Handy no le cautivó tanto la estructura de la canción como la historia que contaba, sobre perros, vías de tren y mala suerte, indescifrable para él. 

La llegada de W.C. Handy a New York fue un hecho fundamental para la expansión del blues del Delta. En New York se generó un estilo urbano en los primeros años 20, más próximo al estilo de teatros que al de las plantaciones. Es lo que el autor denomina blues clásico, frente al blues rural del Mississippi o blues del Delta. Gioia menciona a Ma Rainey como principal impulsora en el desarrollo de “la música del diablo” en su vertiente urbana, siendo Crazy Blues, de 1920, el tema que originaría un punto de inflexión en esta tendencia. Mientras que Ma Rainey ganó dinero y llevó una vida de diva, los músicos de Delta permanecían en el anonimato. La importancia de Ma Raney no es sólo por su méritos como artista, sino que su legado se engrandece por haber tutelado a Bessie Smith, la emperatriz del blues. Gioia cuestiona y se muestra crítico con John HammondAlan Lomax (al que cita con admiración pero desde un punto de vista crítico en numerosas ocasiones a lo largo del libro), porque considera una leyenda no demostrada el final trágico que se adjudica a Bessie Smith, desatendida en la puerta de un hospital.

Bessie Smith
Bessie Smith

Blues de delta vs blues clásico

Se establece la diferencia fundamental entre el blues del Delta y el blues clásico (aparte de la técnica compositiva), como una cuestión más psicológica que musical. El blues clásico conserva un tono de confianza y descaro, desafiante (generalmente interpretado por mujeres), mientras el blues del Delta apunta a un espacio más íntimo. Los cantantes de blues clásico tenían consciencia de estar desarrollando un arte interpretativo, mientras que los rurales apuntaban a un espacio más íntimo, como una tragedia que se desarrolla en el propio hogar.

Charley Patton
Charley Patton

En otros capítulos, se utiliza lugares geográficos que fueron focos en los que tuvieron lugar hechos fundamentales en el origen del blues del Delta, como la famosa Plantación Dockery o la Prisión de Parchman, para adentrarse en figuras fundamentales como el indomable Charley Patton, el primer músico en incluir en sus letras comentarios despectivos sobre blancos, o Son House y su contradictoria personalidad, que mezclaba una gran carga espiritual con otra profana. Por la cárcel de Parchman, también pasó Booker Bukka White, que no mostró demasiado interés en que sus canciones fueran registradas por Alan Lomax en sus encuentros, hasta que comprobó que Big Bill Broonzy estaba ganando bastante dinero por ello. Ambos desarrollaron un importante papel en la difusión del blues anterior a la segunda guerra mundial, siendo muy influyentes sobre el resto de músicos. 

Son House
Son House

Posteriormente, algunos de los músicos que han hecho grande al blues del Delta y lo han hecho evolucionar y expandirse por todo el mundo, son protagonistas de cada uno de los siguientes capítulos a lo largo de las 500 páginas del libro, sirviendo como hilo conductor las carreras de Tommy Johnson, John Lee Hooker, Howlin’ Wolf, Muddy Waters y BB King, dejando un último capítulo al resurgimiento del blues en los años 60 a raíz de figuras como Mississippi John Hurt y el sello Vanguard Records, la evolución de otros estilos como el soul y la influencia en los músicos blancos de generaciones posteriores. Pero a lo largo de las páginas, se van dando cita como invitados una multitud de músicos relevantes y otros menos populares, artistas como Big Joe Williams o Skip James, aparte de otros aspectos a considerar, como las necesaria referencia a las compañías que se dedicaron a registrar y comercializar estas canciones. Brunswick, Gennett, Paramount, Victor y Columbia (que incluía a OKeh), que fueron responsables de prácticamente todas las grabaciones de músicos afroamericanos de aquellos años. Estas compañías dieron lugar a una época dorada de la música negra, no tanto por enfoque ilustrado sobre la igualdad racial, como por una feroz competencia entre ellas. No faltan referencias a las interminables y agotadoras giras en las que se explotaba a músicos como John Lee Hooker, generalmente con escasa remuneración y malas condiciones de trabajo.

Robert Johnson: un perro del infierno sigue sus huellas

Robert Johnson
Robert Johnson

Y por supuesto, la figura más relevante de este movimiento musical, Robert Johnson, que es el protagonista del capítulo VI: Un perro del infierno sigue mis huellas: la biografía de un fantasma. Gioia señala que “la historia de las investigaciones sobre Johnson, ha resultado ser tan desorganizada y tan sorprendente como su propia vida. Se ha construido una biografía del artista a partir de turbios fragmentos de leyendas populares, convirtiéndolo en un cuento fantástico, donde nada es verdad y nada es mentira“. Pero aparte de las leyendas, aparte de ese aura fantasmagórica, hay una cosa que es real y que es lo que verdaderamente se conoce y lo que se puede analizar, y es su música, y a ello es a lo que ocupa en la mayor parte del espacio el autor.

Blues, la música del Delta del Mississippi, de Ted Gioia, es un libro que actualiza y perfecciona las numerosas antologías ya existentes sobre este fundamental acontecimiento económico, social y artístico, que fue el nacimiento del blues del Delta en el estado de Mississippi a principios del siglo XX, resultando además una lectura muy amena, que se puede acompañar por la audición de las 100 grabaciones fundamentales que el autor sugiere en un apéndice.

Como señala Gioia, “se puede decir que el áspero e insistente sonido del Delta late en el fondo de prácticamente todos los estilos actuales de la música popular”.

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Griffin Jazz (José M. M. Granados)

Nacido en Granada... y hasta ahora. Rockero y gourmet, aficionado al cine, al baloncesto y a las bases de datos. Geólogo en los ratos libres (si no hay más remedio). Y vividor epicúreo y hedonista en general.

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