Metes la bolsa en el contenedor. Te vas a casa con la conciencia tranquila, pensando que ese abrigo que ya no te ponías va a abrigar a alguien que lo necesita. La imagen es bonita. Pero la realidad del textil donado en España es bastante más compleja, y conocerla no arruina el gesto de donar, aunque sí cambia cómo deberías hacerlo.
Lo esencial
- Solo el 10-20% de la ropa donada termina en tiendas de segunda mano; el resto recorre una cadena global invisible
- Tu ropa podría estar siendo vendida en Sarajevo, Kenia o Mozambique bajo el nombre ‘mitumba’, alimentando economías locales
- Entre el 30-40% de las donaciones acaban en vertederos, ríos o se incineran al aire libre en países receptores
Lo que pasa realmente después del contenedor
Cuando entregas ropa para donar, lo primero que ocurre es una clasificación: las prendas más valiosas se destinan a venta online o a tiendas de segunda mano, mientras que las menos deseadas pasan por una serie de compradores a granel, reutilizadores y recicladores. Nada va directamente al armario de quien más lo necesita. Hay capas de gestión entre tu bolsa y su destino final.
El dato que más sorprende: en países con sistemas similares al español, solo entre el 10% y el 20% de la ropa donada se vende en tiendas de segunda mano. El resto viaja por una cadena que pocas veces nos han explicado con claridad. Alrededor del 5% de todas las donaciones textiles van directamente al vertedero, debido a contaminantes como el moho. pequeño porcentaje, sí, pero si piensas en las toneladas que se mueven, el número duele.
Fundación Humana, una de las grandes operadoras en España, recibe más de 18.000 toneladas de ropa al año. Cada prenda que se deposita en sus contenedores pasa por un proceso de clasificación en plantas ubicadas en Madrid y Barcelona, donde se valoran en función de su estado, marca, tejido o diseño. Y sobre si la ropa se lava antes de llegar a las perchas: no se lavan, según declaró la propia organización. La razón es lógica: la ropa donada generalmente proviene de armarios, lo que implica que, en su mayoría, está limpia.
Según datos de Humana, en 2024 la fundación recuperó 19.074 toneladas de textil usado, de las cuales el 63% se reutilizó y el 28% se destinó al reciclaje. Son cifras que dan algo de perspectiva. No todo acaba en una tienda vintage de Malasaña.
El viaje inesperado de tu ropa: de tu armario a Sarajevo (o Mozambique)
En junio de 2025, un experimento viral en TikTok lo ilustró de manera perturbadora. El creador de contenido alemán Moe.Haa colocó un AirTag dentro de unas zapatillas que iba a donar a la Cruz Roja. Lo que descubrió después es que las zapatillas acabaron de nuevo a la venta tras recorrer más de 1.000 kilómetros por varios países. El influencer tomó un vuelo y llegó a Sarajevo, donde encontró sus propias zapatillas en una estantería, etiquetadas por un precio de 10 euros.
La Cruz Roja no mintió ni hizo trampa. Salió a explicarlo: la venta de ropa es una práctica habitual cuando las prendas no cumplen los requisitos para ser donadas directamente, en esos casos las prendas se entregan a empresas de reciclaje y pueden ser comercializadas en otros países, reinvirtiendo los beneficios en actividades benéficas. El dinero llega, pero por un camino que nadie nos había contado.
La escala global de este fenómeno es enorme. Una gran parte de la ropa donada se exporta a países en vías de desarrollo, donde termina en mercados de segunda mano. Entre el 70% y el 90% de la ropa donada, según el investigador Andrew Brooks, se vende a distribuidores que clasifican las prendas y las exportan a mercados de países en vías de desarrollo. En Kenia tienen incluso un nombre para estos fardos de ropa occidental: mitumba. El término significa «fardos» y hace referencia a los paquetes y prendas de segunda mano que llegan envueltos en plástico desde los países donantes.
¿Es eso malo? La respuesta honesta es: depende. Solo en Ghana, la ropa de segunda mano procedente de la UE contribuyó en 2023 con 70,5 millones de euros al PIB del país y creó 65.000 empleos formales e informales. Más de 1,28 millones de personas están empleadas en el sector de la ropa de segunda mano en Angola, Guinea-Bissau, Malawi, Mozambique y Zambia, donde cada tonelada importada mantiene una media de 6,5 puestos de trabajo. Son números reales y significativos. Pero también es cierto que entre el 30 y el 40% de las prendas de segunda mano donadas ya no se pueden vender ni usar, y acaban en vertederos, en ríos o incineradas al aire libre. La contradicción existe y no tiene solución fácil.
Cáritas, Humana, Moda re-: no todos los contenedores son iguales
En España el ecosistema de donación es variado, y la organización a la que donas determina en gran medida el destino de tu ropa. Moda re-, el proyecto de Cáritas, consolidó en 2025 su presencia con 191 puntos de venta, convirtiéndose en la red de tiendas de segunda mano más grande del país en número de establecimientos. El proyecto recoge en España más de 40 millones de kilos de ropa, calzado y complementos de segunda mano, que se tratan en plantas integrales de gestión de residuos. Solo en el campo de la recogida y el tratamiento de la ropa usada, la actividad representa cerca de 1.200 puestos de trabajo, de los cuales la mitad están reservados a personas en situación o riesgo de exclusión social.
Madre Coraje funciona de otra manera: las prendas nuevas se envían directamente a Perú, la ropa usada se clasifica por sexo y edad y se vende en mercadillos, y lo que no se puede aprovechar se entrega a empresas de reutilización textil. Cada organización tiene su cadena particular. Lo que une a todas es que los beneficios vuelven a proyectos sociales, aunque el recorrido de las prendas sea menos directo de lo que imaginamos.
El problema del que nadie habla suficiente: en España se desechan unas 900.000 toneladas de ropa al año, y el 88% acaba en vertederos. El otro 12% va a contenedores de ropa y, de allí, a plantas que seleccionan las prendas para reutilizarlas o reciclarlas. La legislación que entró en vigor en 2025 obliga a los ayuntamientos a recoger los residuos textiles de forma separada. Llegan cambios, pero el volumen del reto es de proporciones industriales.
Cómo donar mejor (sin hacerte ilusiones falsas)
Conocer cómo funciona el sistema no debería desanimarte. Debería hacerte más selectivo. Dondequiera que dones, asegúrate de que la ropa esté limpia y seca. Si está dañada o manchada, no la envíes a tiendas de segunda mano, porque no tienen capacidad para hacer reparaciones y solo genera una carga financiera además de la carga ecológica.
La mayoría de los españoles prefiere dejar la ropa que ya no usa en contenedores públicos de reciclaje textil (52%) o venderla en plataformas digitales (38%). La donación a amigos (37%) y a ONG (23%) son otras opciones contempladas. Las plataformas digitales como Vinted o Wallapop tienen una ventaja sobre el contenedor callejero que pocas veces se menciona: tú controlas exactamente a quién va tu prenda y a qué precio, eliminando intermediarios.
Decidir dónde donar supone una gran diferencia, para tu huella medioambiental. También para tu comunidad. Si quieres que tu ropa ayude en España, elige organizaciones con tiendas físicas locales. Si te da igual que viaje, los contenedores de Humana o Moda re- son opciones sólidas, con gestión documentada. Si buscas que llegue a alguien concreto, una ONG que trabaje con colectivos específicos (personas sin hogar, familias en exclusión, refugiados) es la opción más directa.
La pregunta que queda en el aire, quizás la más incómoda, es otra: ¿cuánto de lo que llamamos «donar» es, en realidad, una forma de gestionar nuestra culpa por Comprar demasiado? Detrás de la apariencia sostenible de la segunda mano se esconde una contradicción real: ¿de verdad hemos dejado atrás el consumismo o simplemente lo hemos maquillado con la sostenibilidad? Donar está bien. Comprar menos estaría aún mejor.