Compré un artículo rebajado un 40% convencido de hacer un chollo: el día que comparé con el precio de hacía tres semanas, entendí lo que la tienda estaba ocultando

Llevaba semanas vigilando ese abrigo. Cuando por fin vi la etiqueta con el 40% de descuento tachado en rojo, no lo dudé: lo compré convencido de estar haciendo el chollo del año. Tres semanas antes había mirado el mismo artículo en la web de la tienda por pura curiosidad, sin intención de comprarlo, y el precio era prácticamente idéntico al que ahora me presentaban como «rebajado». Ese pequeño detalle, guardado sin querer en mi memoria, fue lo que me hizo sospechar. Y cuando até cabos, entendí el truco: no había comprado una ganga, había pagado casi lo mismo que hace un mes, solo que ahora con un cartel enorme prometiéndome un ahorro que nunca existió.

Lo esencial

  • Un supuesto chollo del 40% era en realidad el mismo precio de hace tres semanas
  • El 99% de las tiendas incumple la normativa sobre precios de referencia en rebajas
  • La administración tiene herramientas para sancionar, pero las inspecciones no dan abasto

El truco tiene nombre y hasta ley que lo prohíbe

Lo que me pasó no es una anécdota aislada ni paranoia mía. Existe una normativa concreta que regula esto, y que muchos comercios parecen tratar como una simple sugerencia. Cuando se muestra el descuento de un producto, se debe indicar como precio de referencia el menor precio que haya tenido ese producto en los 30 días anteriores al descuento. Es decir, la tienda no puede coger el precio más alto que haya tenido tu abrigo en el último mes, subirlo artificialmente unos días antes de la rebaja, y luego bajarlo para maquillar un 40% que en realidad es un 5% o directamente nada.

La organización de consumidores lo explica sin rodeos: el abrigo que quieres comprar subió de precio justo una semana antes de que comenzasen las rebajas para poder decir ahora que ha bajado muchísimo, pero según la ley, el precio antiguo que ha de aparecer junto al rebajado no puede ser el más alto, sino el más bajo de todos los aplicados sobre productos idénticos en los treinta días precedentes. FACUA va más allá y pone nombre a la práctica: una de las prácticas fraudulentas más habituales consiste en subir el precio de un producto días antes de las rebajas para, posteriormente, anunciar un gran descuento que en realidad no existe. Lo mío, básicamente.

No es cosa de una tienda despistada, es sistémico

Lo inquietante no es que exista el fraude. Es la escala. La OCU lleva años monitorizando precios durante campañas como el Black Friday y sus cifras son demoledoras: en el 99% de los casos el precio «anterior» indicado no es el menor de los últimos 30 días: en casi todos los casos esos precios están hinchados respecto a la realidad. En una de sus últimas ediciones, el estudio arrojó un dato que resume el problema mejor que cualquier explicación: el ahorro medio anunciado sería de un 23%, pero la realidad es que, el precio recogido el 20 de noviembre respecto al mínimo de los últimos 30 días revela que a día de hoy los precios de los productos son, de media, un 3% más caros.

Y no hablamos de una percepción minoritaria de clientes quejicas. El 83,3 % de los participantes en una encuesta de FACUA considera que los comercios que anuncian rebajas ofertan falsos descuentos en una parte de sus productos. Ocho de cada diez españoles sospechamos que nos están timando cuando vemos un cartel de rebajas, y aun así seguimos comprando, porque la promesa de ahorrar sigue siendo más fuerte que la desconfianza.

Las inspecciones existen, pero van a rebufo

Lo curioso es que la administración sí tiene herramientas para pillar a los comercios. La Dirección General de Consumo utilizó Price Reduction Tool, una herramienta desarrollada por la Comisión Europea que permite controlar en tiempo real si las ofertas realizadas en épocas de elevado consumo cumplen con la normativa sobre indicación de precios, y gracias a ella se han impuesto sanciones que se acercaron a los 350.000 euros y corresponden a falsas rebajas llevadas a cabo por empresas que comercializan productos online y en tiendas físicas. El problema, según denuncia FACUA, es que las multas rara vez se hacen públicas y el ritmo de las inspecciones no da abasto frente al volumen de campañas de descuento que se suceden todo el año, desde las rebajas de enero hasta el Black Friday, pasando por cualquier «venta flash» de un martes cualquiera.

La organización lo tiene claro: insiste en que la clave está en el control por parte de las administraciones, y denuncia que no constan multas de las autoridades autonómicas de consumo por fraudes en rebajas, ni tampoco del Ministerio de Consumo, pese a que su potestad sancionadora ya está en marcha. Mientras tanto, la responsabilidad de detectar el engaño recae, una vez más, sobre nosotros.

Cómo no volver a caer en la trampa

Después de mi experiencia con el abrigo, cambié de hábitos. No hace falta convertirse en detective de precios para evitar que te la cuelen, pero sí conviene incorporar alguna rutina antes de sacar la tarjeta:

  • Consulta el historial de precios del producto en herramientas de seguimiento antes de comprar, especialmente si es una compra online.
  • Desconfía de los porcentajes redondos y espectaculares (40%, 50%, 70%) que aparecen sin el «hasta» ni matices.
  • Guarda capturas de pantalla de los precios que veas por curiosidad, aunque no pienses comprar en ese momento. Nunca sabes cuándo te servirán de prueba.

Al final, la moraleja no es dejar de comprar en rebajas, sino dejar de comprar la narrativa que nos venden junto al producto. Mi abrigo terminó costándome casi lo mismo de hace tres semanas, y probablemente seguirá gustándome igual el próximo invierno. Lo que ya no me va a gustar tanto es la sensación de haber creído que ganaba algo cuando, en realidad, solo estaba pagando la etiqueta.